Se denomina como adicto al trabajo o ergomanía a aquellas personas que se obsesionan con el trabajo, ya sea porque les gusta lo que hacen, por necesidad de aprobación de sus compañeros y jefes o por necesidad de obtener mayor poder. Esta adicción afecta gradualmente a la persona, que termina por no ser capaz de controlar el resto de aspectos de su vida. La estabilidad emocional se ve comprometida, así como las relaciones sociales de su entorno. Sólo se sienten bien cuando están trabajando, por lo que suelen sufrir estrés, ansiedad o incluso ira cuando no pueden trabajar. Necesitan constantemente tener el control.
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Normalmente se entienden tres tipos de adictos al trabajo:

  1. El complaciente: busca la aprobación o contentar a sus compañeros y jefes. Emocionalmente son los más vulnerables, por lo que tienden a la depresión cuando no alcanzan sus objetivos, normalmente exagerados y poco realistas.
  2. El controlador: destacan por su necesidad de control y ambición. De carácter fuerte, tienden a ponerse nerviosos e irascibles cuando no alcanzan el nivel de desempeño que se proponen.
  3. El narcisista: busca poder y se cree superior al resto. Tienden a verse de forma irreal como si no fueran ellos mismos (despersonalización) o como si fuera un sueño. Los delirios de grandeza son habituales y su egocentrismo suele friccionar con las relaciones con otros compañeros y familiares.

¿Cuales son las causas de la adicción al trabajo?

Normalmente se debe a que la persona suele disfrutar con su trabajo, necesita la aprobación de compañeros y jefes o a la necesidad de obtener mayor poder (y control). No suele ser de la noche a la mañana, sino que gradualmente el adicto invierte más tiempo a su trabajo hasta el punto de no saber hacer otra cosa. En esto influye mucho que los trabajadores suelen volver a casa con la preocupación de qué tienen que hacer al día siguiente o si les va a dar tiempo cumplir con los objetivos en el tiempo previsto.

La crisis económica de los últimos años ha tenido que ver con el aumento de esta enfermedad. Ante la necesidad de no ser despedido, la renovación de contratos laborales o poder pagar los gastos de cada mes, son muchas las personas que se ven forzadas a trabajar más horas, estirar un poco los horarios…lo que en algunas ocasiones es el gérmen de esta adicción.

¿Qué consecuencias tiene esta adicción?

Los efectos más evidentes es la incapacidad del adicto de controlar su vida. Sólo vive para trabajar, lo que le impide dedicar tiempo en otras actividades. Las relaciones sociales con amigos, familiares y parejas se deterioran al ritmo que el ergómano echa horas en la oficina. También son incapaces de ver su problema, mostrándose distantes e irascibles cuando se intenta abordar el problema o que dediquen tiempo en otras actividades. El alejamiento con las personas que les rodean se hace evidente.

A nivel personal, el adicto puede sufrir síntomas como ansiedad, estrés, irascibilidad o incluso depresión. La mayoría de estos síntomas se producen tanto cuando no pueden trabajar como mientras están trabajando. La adjudicación de metas irreales, ilógicas o que requieren cantidades exageradas de tiempo terminan por desesperar al adicto, que no es capaz de ver que no tiene por qué esforzarse tanto.

También aparecen otros síntomas psicológicos como conductas adquiridas. La necesidad de estar constantemente programando la agenda, los horarios, las cosas por hacer, los detalles de cada tarea… de forma obsesiva. El insomnio termina siendo habitual no poder evadirse ni si quiera a la hora de dormir.

Tratamiento

La adicción al trabajo es una enfermedad psicológica que puede ser tratada y curada eficazmente. El primer paso es que el adicto reconozca su problema y quiera cambiar. Ningún tratamiento puede funcionar si el paciente no siente una necesidad real de curarse.

La Terapia Cognitivo-Conductual es lo que mejor funciona. En ella se busca ligar el pensamiento y la conducta y combinarlo con otras técnicas para asegurar que el paciente controle su conducta. Se suele realizar un inventario con objetivos más relajados, técnicas de relajación, priorización de algunas cosas e ignorar otras, buscar nuevas actividades de ocio que sean gratificantes, reducir horas de trabajo, olvidarse del perfeccionismo obsesivo…

La ayuda de amigos, familiares o pareja es muy importante, tanto a la hora de abordar el problema como durante la recuperación. En muchos casos las personas cercanas son quienes mejor pueden asesorar al adicto al trabajo.

Curarse de la adicción al trabajo es posible, no puede controlar tu vida cuanto tenemos tantas cosas por hacer y disfrutar.