Un mal que en los últimos años se ha triplicado su tasa, afectando principalmente a jóvenes entre los 14 y 18 años.

Las nuevas tecnologías han permitido una mejora en la calidad de vida. Nuestro trabajo, acceso a la información e incluso el entretenimiento se han visto afectados debido a las nuevas tecnologías. Sin embargo no todos los avances conllevas a cosas buenas, y es que los videojuegos que tanto nos entretienen pueden causar una adicción.

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Un mal que en los últimos años se ha triplicado su tasa, afectando principalmente a jóvenes entre los 14 y 18 años.

Las nuevas tecnologías han permitido una mejora en la calidad de vida. Nuestro trabajo, acceso a la información e incluso el entretenimiento se han visto afectados debido a las nuevas tecnologías. Sin embargo no todos los avances conllevas a cosas buenas, y es que los videojuegos que tanto nos entretienen pueden causar una adicción.

Cada vez son más las personas que juegan a videojuegos y lo hacen con un uso desmedido, con sesiones que duran más de una jornada laboral y que les aíslan del resto de actividades cotidianas. Son muchos los psicólogos que alertan del crecimiento de este problema, que ha llegado a triplicarse en los últimos años. Actualmente entre el 20 y 25% de las consultas tienen que ver con la adicción a los videojuegos, la adicción al celular o la adicción a las redes sociales.

Entre las causas encontramos que los videojuegos son una industria que está en continuo crecimiento y ha sabido adaptarse a las necesidades de su mercado. Anteriormente los juegos tenían principio y fin, o las partidas duraban un tiempo concreto y luego había que volver a empezar una nueva. Sin embargo actualmente un buen porcentaje de los videojuegos funcionan a través de internet, lo que permite interactuar con cientos de usuarios mientras se juega. Los expertos en marketing han sabido implantar métodos o sistemas de jugabilidad que facilitan que una persona se vuelva adicta a los videojuegos, algunos ejemplos son:

  • Sistemas de logros: fomentan que se consigan determinadas acciones para conseguir un reconocimiento por el esfuerzo realizado. Muchos logros requieren horas para conseguirlos y potencian que una persona se enganche.
  • Sistemas de niveles exponenciales: Hay juegos donde el personaje sube de nivel, es decir, adquiere mejoras en determinados aspectos o mejora la jugabilidad. Los primeros niveles son fáciles de conseguir, pero luego el esfuerzo es cada vez mayor y contribuyen a que una persona quiera llegar hasta el final (muchas veces imposible).
  • Misiones que nunca terminan: Muchas veces las acciones o misiones que un jugador debe realizar aunque terminen, se permite la posibilidad de repetirlas a costa de obtener mejores cosas en el juego. Ello hace que los jugadores realicen en muchas ocasiones tareas repetitivas que facilitan una adicción.
  • Cuentas Premium: Hay juegos gratuitos pero que si pagas obtienes mayores facilidades, pierdes menos partidas… estas cuentas suelen ser temporales, lo que exige al jugador a volver a pagar cada cierto tiempo y a tener que rentabilizar su inversión dedicando más horas al juego.

La mayoría de juegos que causan adicción comparten algunas de estas características. Por norma general, un juego que tiene un final bien definido (es decir, que al cabo de un tiempo el juego termina, obligando a volver a empezar) suelen ser menos adictivos que aquellos que no tienen un final concreto.

¿Qué consecuencias tiene la adicción a los videojuegos?

El principal problema que existe en la adicción a los videjuegos, al igual que la adicción a las redes sociales o la adicción al móvil, es que los pacientes se aíslan del mundo. Prefieren pasar horas con aquello que les gratifica que relacionarse con sus parejas, sus amigos e incluso con su familia. La conducta puede volverse agresiva si se intenta cortar el estímulo en muchos casos. En definitiva, un adicto a los videojuegos pierde el control sobre su vida.

Cuando no pueden jugar a los videojuegos, suelen aparecer síntomas como el estrés, la ansiedad o incluso la depresión. Los síntomas se pueden ver rápidamente, puesto que ocasiona una disminución de la concentración y la atención. Al afectar a un público joven, puede afectar seriamente a sus resultados académicos al no poder concentrarse en otra cosa que jugar a videojuegos. Son muchos quienes también sufren carencia de sueño al pasar hasta 20 horas jugando sin parar o yendo a la cama pensando en seguir jugando, lo que ocasiona dificultad para dormir.

Aunque en muchos casos los juegos son gratuitos, muchos permiten hacer micro-compras o crear cuentas de pago para mejor la experiencia de usuario, lo que puede en casos muy extremos, repercutir seriamente en la economía familiar.

Un público cada vez más joven

La adicción a los videojuegos afecta principalmente a adolescentes, un público más abierto al consumo de videojuegos y que psicológicamente es más vulnerable. El perfil de edades oscila entre los 14 y 18 años, siendo los 15 la edad donde se han registrado algunos de los casos más severos.

Muchos psicólogos alertan que cada vez los casos se dan más jóvenes, habiendo extremos de niños de 9 años.

El principal problema reside en que, a diferencia de la adicción a las drogas, la adicción al tabaco o la adicción al alcohol, es que la adicción a los videojuegos se consiente porque no implica por normal general un deterioro físico o un impacto económico tan grande. Sin embargo estos jóvenes pueden pasarse más de 5 horas sin despegarse de la silla, lo que conlleva al aislamiento. En muchos de los casos la familia consiente esta situación o no es capaz de ver la magnitud del problema achacándolo a la edad.

¿Qué hacer ante este problema?

La terapia funciona muy bien es el una de las mejores vías, pero la familia del adicto debe ser el eje principal para solucionar el problema.

Incluso es fácil pensar que esto no te puede pasar, pero la clave es prevenir. Hay que educar de modo que se dé un uso responsable del entretenimiento. Ni irse al extremo de nada, ni permitir abusos como estar más de 20 horas sin salir de la habitación, el control es la clave.

Establecer horarios de uso, situar el ordenador en una zona común que no permita el aislamiento con la familia o buscar nuevas actividades sustitutivas pueden ser algunas de las soluciones que permitan que la persona adicta pueda retomar el control de su vida.